Madrecuixhe silvestre de la Mixteca Alta, del maestro Abundio Santiago. Cocido en horno cónico de tierra, molido en tahona chilena, fermentado en tinas de pino y destilado en alambique de cobre. Un lote corto de 100 litros: mineral, herbal y largo.
Hay magueyes que se esconden a ras de suelo. El madrecuixhe no: levanta un tronco y se queda mirando el valle durante quince años.
Cuixhe (también escrito cuishe o cuixe) es una palabra de raíz zapoteca con la que los mezcaleros nombran a los magueyes que crecen con tallo, como candelabros delgados que se alzan sobre la piedra caliza. De toda esa familia, el más grande y el más viejo es el que manda: la madre. Madre cuixhe es, literalmente, la madre de los cuixhes, la planta que da semilla al cerro y bajo cuya sombra nacen las demás.
En Nochixtlán, en la Mixteca Alta, la tierra es dura y el agua escasea. El madrecuixhe lo sabe y crece despacio: catorce, quince años para formar una piña pequeña y fibrosa que rinde poco mezcal. Por eso este lote es de apenas 100 litros. Abundio Santiago no cortó más de lo que el cerro podía reponer; lo que hay en la botella es exactamente lo que la madre quiso dar.
Las piñas se cocieron cuatro días en horno cónico de tierra. Se molieron en tahona chilena, la rueda de piedra que gira lenta y no rompe la fibra. El mosto fermentó sin prisa en tinas de pino, con las levaduras del aire de la Mixteca, y pasó dos veces por el alambique de cobre. El resultado es un mezcal de 45 grados, cristalino, que huele a hierba seca, a piedra mojada después de la lluvia y a un anís apenas insinuado.
Este no es un mezcal de fiesta ruidosa. Es el que se abre cuando llega alguien que valió la pena esperar. La banda azul de la etiqueta es el cielo alto de la Mixteca al mediodía: limpio, seco, sin una nube. Sírvelo así, sin nada encima, y déjalo que hable primero.
Se sirve en veladora a temperatura ambiente. Primero se huele con la boca entreabierta; el primer trago se deja en la lengua hasta contar cinco. Acompáñalo con una rodaja de naranja con sal de gusano solo si el segundo trago lo pide.