Arroqueño silvestre de Santa María Sola, del maestro Rafael García, destilado a la manera ancestral en ollas de barro. Un lote de 80 litros en botella esbelta de 250 ml: la medida justa para un maguey que tarda un cuarto de siglo en madurar.
El arroqueño es el gigante de los magueyes: pencas de dos metros, piñas de cien kilos y un cuarto de siglo de paciencia. Rafael García lo destila en barro y lo embotella en 250 ml, para que ni una gota se desperdicie.
Del Agave americana var. oaxacensis, el arroqueño es de los magueyes más grandes que existen: sus pencas gris azuladas pasan los dos metros y su piña puede pesar más que un hombre. Y sin embargo es lento. Tarda entre veinte y veinticinco años en madurar, y florece una sola vez antes de morir. Cada botella de este lote lleva dentro un maguey que empezó a crecer cuando el maestro apenas empezaba en el oficio.
En Santa María Sola, en la región de Sola de Vega, el mezcal se hace como hace doscientos años: horno cónico de tierra, tahona, tinas de sabino y ollas de barro con carrizo. Rafael García aprendió así de su padre y no ha querido cambiarlo. El barro le quita filo al alcohol y le deja al arroqueño lo que es suyo: cacao, cuero, humo de horno y una mineralidad que no termina.
El lote 0217 rindió 80 litros. Es lo que dieron tres magueyes de veinticinco años. Por eso esta botella es de 250 ml: no es una versión pequeña de otra cosa, es la medida honesta de lo que hay. Un cuarto de litro para un cuarto de siglo. La banda naranja es el color de la tierra de Sola al atardecer, cuando el horno lleva tres días encendido.
Despacio y acompañado. El arroqueño de barro es denso, largo y cambia en la copa: empieza por el humo y la tierra y termina en algo dulce, casi de plátano asado. No lo mezcles, no lo enfríes. Sírvelo en una jícara y déjalo respirar unos minutos antes del primer trago.
Se sirve en jícara o veladora a temperatura ambiente, en tragos pequeños. Antes del primero, se moja el dedo y se frota en el dorso de la mano para oler el barro y el humo. Se acompaña con un trozo de chocolate de metate.